Iconos e inspiración


La moda de Coco Chanel es reflejo de su vida. Fue una mujer independiente que se ganó esa independencia gracias a su trabajo y a su genialidad como diseñadora. Sacrificó el amor por su trabajo, fue una mujer moderna que rompió con los esquemas de la época. Buscó la libertad primero para ella y luego para el resto de mujeres, y encontró finalmente esa libertad en el armario masculino. Al eliminar el corsé, utilizar el tweed, botones de uniformes militares, chaquetas sin cuello, bolsos como las bandoleras de los soldados mostró su genio creador y su firma personal que la llevaría a escribir su nombre con mayúsculas en la historia de la moda (Seeling, 2000, p. 99).
Coco Chanel quería comodidad, movilidad, elegancia y sencillez, y todo eso lo encontró en las prendas masculinas. Quería ofrecerles a las mujeres algo que ella misma ansiaba: estar cómoda para vivir con intensidad sin perder el tiempo en florituras y trivialidades. Ella, llena de contradicciones, unió polos opuestos, pues lo femenino y lo masculino confluyen en sus creaciones, creó una mujer masculinizada pero sin perder la feminidad, consiguió un equilibrio fantástico que atraería a muchas mujeres (Seeling, 2000, p. 99).
Supo entender a la perfección la época en la que vivió, supo leer los anhelos de las mujeres, pues eran los suyos propios. Supo también rodearse de la compañía perfecta, de intelectuales, pintores, compositores, políticos. Su relación con ellos provocó que entendiera aún mejor cuál era el futuro de la moda y de la mujer. Poiret pudo haber sido el primero en liberarlas del corsé, pero Coco Chanel las convirtió en mujeres modernas con ansias de emancipación (Charles-Roux, 2007, p. 146). Fue una diseñadora que no solo entendió la época en la que vivió con respecto a las mujeres, sino también con el escenario artístico del París en el que vivió, pues sus creaciones beben del estilo Art Déco que nació mientras ella diseñaba y revolucionaba el mundo de la moda. La silueta tubular imperaba en las formas femeninas y Chanel supo recoger su esencia con su Little Black Dress.
Sus comienzos en el mundo de la moda fueron tímidos pero certeros. Su espíritu creador se vio materializado en un primer momento en el diseño de sombreros, pues verdaderamente le horrorizaba ver como las damas de la alta sociedad se tocaban con monstruosidades de poco gusto y mucho ornamento (Morató, 2011, p. 94). Su sentido de la elegancia sencilla y sobria puso remedio a este despropósito que se veía en las avenidas y bulevares de París y Deauville. Empezó, entonces, a comprar sombreros y a adornarlos con sencillos y austeros detalles; sin embargo, fue esta simpleza la que atrajo a sus primeras clientas, entre ellas una actriz parisina amiga de Étienne Balsan (Charles-Roux, 2007, p. 91). Pronto, la clientela aumentó con la apertura de su primera tienda en París y ya en Deauville su espíritu creador explosionó (Charles-Roux, 2007, p. 108).
Pero pronto el diseño de sombreros ya no era suficiente para esta creadora nata. Corría el año 1913 cuando abrió su segunda tienda en esta ciudad costera. Fue allí donde inventó la moda sport, donde consiguió vestir a mujeres de clase alta con tejidos que hasta entonces solo utilizaban las clases trabajadoras (Morató, 2011, p. 100). Junto con sus ya conocidos sombreros, Coco Chanel comenzó a vender blusas, chaquetas y una suerte de blusón que se convirtió en una prenda fetiche para muchas damas. Su inseparable Adrienne se convirtió en su mejor modelo al pasear un diseño distinto cada día por las playas de Deauville, esta se convirtió en el cebo perfecto para atraer a nueva clientela. Coco Chanel había encontrado otra hábil manera de hacerse un hueco en el mundo de la moda (Charles-Roux, 2007, p. 108).
Ella misma lucía sus propios modelos, su espíritu rompedor formaba parte de su esencia misma, de su propia feminidad, de lo que significaba para ella. Siempre destacaba, paradójicamente, por su simplicidad en el vestir, que fue el leit motiv de toda su carrera.
Pero no se puede hablar de sus creaciones sin tener en cuenta la inspiración masculina que bebió de sus amigos y amantes. En múltiples ocasiones, invadía el ropero de estos y se adueñaba de prendas que atraían poderosamente su atención por su comodidad. En los albores de su carrera fue Boy Capel su inspiración a través del tejido de sus suéteres, y fue en este época cuando creó su primera prenda de baño siempre pensando en la comodidad de las mujeres (Morató, 2011, p. 100).
La moda, hasta entonces, se había dedicado a marcar, a veces exageradamente, la silueta femenina, a remarcar su voluptuosidad (Laver, 1997). Coco Chanel demostró con sus primeras creaciones que el camino que seguiría sería otro bien distinto. La revolución de la moda se atisbaba ya tímidamente en sus creaciones. Todavía tenía mucho que decir y, por supuesto, lo diría (Seeling, 2000, p. 101).
La Gran Guerra, irónicamente, fue su gran suerte (Morató, 2011, p. 102). Pues esta puso fin al viejo orden, al lujo y la ostentación. Además, despertó a muchas mujeres de su letargo. Coco Chanel recogió con sus creaciones el ímpetu, ahora imparable, de estas mujeres. Estaba en el lugar correcto en el momento correcto y una mujer inteligente como ella no lo desaprovecharía. En pleno desarrollo de la contienda y con su tercera tienda abierta en Biarritz, cambió el paradigma de la moda femenina. La revolución del vestir ya era un hecho en 1916 cuando la publicación de moda estadounidense Harper’s Bazaar publicó el primer modelo de la diseñadora (Charles-Roux, 2007, p. 131). La clásica silueta femenina con el corsé acentuando sus formas ni siquiera se insinuaba, pues este modelo carecía de esta prenda. Por lo tanto, la cintura desaparecía, igual que lo hacía el escote. Según su biógrafa Edmonde Charles-Roux (2007, p. 131), Chanel tendría que esperar tres años más para que la prensa de su país reconociese su genialidad, pues la resaca de la guerra no comenzó a superarse hasta un año después de su finalización. Comenzaban entonces los locos años veinte, comenzaba entonces el reinado de Coco Chanel en París y en la moda.
Esta década trajo consigo la libertad y la permisividad, el París de los locos años veinte vivía entre fiestas y desenfreno. La mujer también saboreó esta época y bailó al compás de ella. Coco Chanel sería la encargada de vestir a esta mujer que ansiaba el cambio y la libertad (Solé Romeo, 1995, p. 44). El feminismo de la Europa de entreguerras no puede entenderse sin tener en cuenta la revolución que se produjo en la moda femenina, no fue un hecho superfluo, sino cargado de simbolismo y reivindicación. Esta revolución de la moda tuvo un trasfondo social y político.
Chanel siguió creando inspirándose en la mujer moderna que ella misma encarnaba. Un tejido se convirtió en el eje de sus creaciones en esta época: el punto (Stevenson, 2011, p. 88). Con él creo vestidos más cortos donde la línea caía sin dibujar la cintura. Algunos  hombres no vieron con buenos ojos este cambio; sin embargo, ya nada podían hacer. Los diseños de Coco Chanel se vendían por cientos y ya era, en la gran capital mundial de la moda, la indiscutible reina (Charles-Roux, 2007).
Pero, aparte de crear, era una verdadera influencer, utilizando la terminología actual, pues puso de moda el pelo corto a lo garçonne y el bronceado, que hasta ese momento había estado mal visto entre los miembros de la clase alta por relacionarse con el campesinado que se bronceaba al trabajar en la tierra al aire libre. Todo lo que creaba o todo lo que hacía se convertía en tendencia.
Antes, durante y después de la Gran Guerra, Chanel fue el nombre propio de la moda, sus creaciones durante estos años lo atestiguan. A continuación se hace un repaso por los hitos que hicieron que revolucionara el mundo de la moda.

Antes de la IGM
1910à Chanel Modes Sombreros
Coco Chanel era solo una joven de veintisiete años cuando abrió en París su primera tienda dedicada a vender sombreros. Había pasado los últimos años viviendo entre lujos con su primer amante Étienne Balsan y durante ese tiempo había tenido oportunidad de ver a muchas damas de la alta sociedad a las que había observado cuidadosamente. Solía reírse de esos sombreros de exageradas dimensiones que lucían orgullosas estas mujeres, llenos de flores y otros adornos igual de fútiles. Su genio creador nato la llevó a diseñar sus propios sombreros comprando las hormas y colocando ella misma sencillos y elegantes adornos (Fig.8) (Charles-Roux, 2007, pp. 60-61).
Figura 8. La actiz de Vaudeville Dorziat luciendo un sombrero diseñado por Chanel. Recuperado de: Charles-Roux, E. (2007). El siglo de Chanel. Madrid: Herce Editores


Pronto, estos modelos propios comenzaron a llamar la atención entre las señoras que se topaban con la joven amante de Balsan en alguna de sus reuniones sociales. Le hacían encargos y pronto comenzó a gestarse en ella la idea de ganar su propia independencia a través de su trabajo. Pidió a Balsan en numersas ocasiones que le ayudara y este al final le cedió una propiedad con la que contaba en el centro de la ciudad de París, fue allí donde abrió en 1910 su sombrerería y progresivamente fue ganando fama entre las damas parisinas (Charles-Roux, 2007, p. 82).
El canotier[1] fue su sombrero fetiche y la prenda que la colocaría en boca de todas las mujeres de clase alta que frecuentaban el círculo de amigos de sus dos amantes: Balsan y Capel. Pero si estas mujeres iban en tropel a su primera tienda no lo hacían solo por estos sombreros, sino porque Coco Chanel, casi sin pretenderlo, ya había comenzado a crear su leyenda (Charles-Roux, 2007, p. 88). Su nombre comenzaba a ser una marca y ella la mejor modelo. Con el canotier se adentró en el mundo del diseño de sombreros, pronto y al establecerse permanentemente en París, mujeres del mundo del espectáculo comenzaron a lucir sus modelos que conjugaban la sencillez con la elegancia y donde los grandes tocados ya no tenían cabida.

1913à Ropa deportiva de punto. Línea de ropa Jersey
Ya en Deauville y con la ayuda de Boy Capel abrió otra tienda, pero esta vez fue diferente, pues en ella empezó a vender prendas de ropa donde imperaba la comodidad. Aquí comenzaba a crear un estilo al que sería fiel el resto de su carrera y que se convertiría en su seña de identidad, en su firma. Estas prendas consistían en confecciones hechas con telas de punto y franela, materiales antes utilizados para la ropa interior. Estos blusones y estas faldas rectas se adueñaron de los paseos marítimos de esta ciudad costera donde veraneaba la alta sociedad parisina (Fig.9) (Charles-Roux, 2007, p. 108).
Figura 9. Coco Chanel luciendo un jersey de punto. Recuperado de: Charles-Roux, E. (2007). El siglo de Chanel. Madrid: Herce Editores
En la colección de 1920 encontraría la inspiración en las capas que vestían las voluntarias de la YMCA (Young Men’s Christian Association) para crear su capa dentro de la línea sport (Charles-Roux, 2007, p. 188). Consistiría en otro acierto que ella misma vestiría, convirtiéndose de nuevo en su mejor modelo.

Durante el periodo de entreguerras
1920-1924à Periodo eslavo
Durante los tres años que duró su relación con el Gran Duque Dimitri (1920-1923), Coco Chanel, fiel a su manera de inspirarse para crear, volvió a encontrar una fuente inagotable de musas en todo el universo que envolvía a este Romanov que ahora había entrado en su vida (Vaughan, 2013, p. 41). Su biógrafo Edmonde Charles-Roux (2007, p. 191) cuenta como esta diseñadora abogó por pieles y pellizas durante este periodo y que nunca más volvería a hacer uso de ellas en sus colecciones. Es este un elemento distintivo, pero no el único. Su espíritu creador la lleva a inspirarse en una prenda lucida por los soldados de infantería del ejército ruso: la guerrera ajustada a la que acompaña una falda abotonada en uno de los laterales (Charles-Roux, 2007, p. 189). Pero también se inspiró en la indumentaria de los campesinos rusos (Vaughan, 2013, p. 41), volviendo de nuevo su  mirada a ese mundo del que pertenecía y del que no podía desprenderse.
Los bordados también serían profusamente utilizados por Chanel en abrigos, túnicas, faldas, vestidos (Fig.10) (Charles-Roux, 2007, p. 191). Convirtió prendas típicas de la cultura eslava en prendas que debían vestir las mujeres de París si querían presumir de ir a la última, pues ya en estos años Chanel marcaba las pautas cuando de moda se tratara. Todo París bailaba al ritma que ella marcaba.
Figura 10. Modelos diseñados por Coco Chanel durante su periodo de influencia rusa. Recuperado de: Charles-Roux, E. (2007). El siglo de Chanel. Madrid: Herce Editores

Durante este periodo de explosión creativa, Chanel también introduciría otra revolución: la bisutería. Las joyas que Dimitri consiguió traer consigo cuando huyó de la Rusia convulsa por la revolución y que regaló a Coco de nuevo sirvieron de influjo creativo y diseñó bisutería que imitaba esas bellas joyas de marcado estilo orientalizante (Seeling, 2000, p. 107). Otra vez Chanel hizo a las grandes damas llevar prendas que era impensable que llevaran.

1921à Chanel Nº5
Una de las creaciones más inéditas de Coco Chanel fue su primer perfume: el Nº5, llamado así por ser la quinta prueba que le presentó su perfumista Ernest Beaux. Fue una novedad no solo por lo particular de su denominación (solo un número), sino por aparecer representado en un frasco de forma geométrica característica por su sencillez, por mostrar un evidente aire Art Déco (Fig.11) y porque la tapa presentaba la planta de la mítica Place Vêndome (Charles-Roux, 2007, p. 184).
Figura 11. Perfume Chanel Nº5. Recuperado de: https://www.fragrantica.es/perfume/Chanel/Chanel-No-5-Eau-Premiere-2015--31172.html
Explica Vaughan (2013, pp. 43-45) que el perfumista Ernest Beaux era experto en la utilización de componentes sintéticos que usaba para enfatizar las fragancias naturales y entendió junto con la diseñadora la necesidad de crear un perfume que fuera diametralmente diferente de las fragancias que imperaban en el mercado del perfume en esa época: esencias de diferentes flores enfrascadas en envases caracterizados por el recargamiento y la trivialidad. El acierto de este perfumista fue conseguir un aroma natural a base de componentes sintéticos que permitían que su durabilidad se prolongara, al contrario de lo que ocurría con las esencias naturales. Chanel quería con este perfume “evocar la feminidad de una mujer” (Vaughan, 2013, p. 44).
Coco Chanel, Ernest Beaux y Dimitri trabajaron en este proyecto que se convertiría en un emblema de la casa Chanel y una leyenda durante los años de entreguerra. Chanel Nº5 sería la fragancia que desprenderían las garçonnes que transitarían las calles parisinas (Vaughan, 2013, p. 43).

1926à Little Black Dress
De la mente y las manos de Chanel nace en 1926 un sencillo vestido negro de crep de China con mangas ajustadas y el talle muy bajo, a la altura de la cadera y con la falta justo por debajo de las rodillas (Fig.13). La revista Vogue en su edición americana se hizo eco de este lanzamiento de la diseñadora francesa bautizándolo como “modelo Ford firmado Chanel” (Charles-Roux, 2007, p. 226). Con esta creación se creía una realidad la democratización de la moda, pues era una prenda muy fácil de copiar y muy cómoda para llevar puesta. Este Little Black Dress (LBD) o Petite Robe Noire (PRN) se convertirá en un indispensable en el armario de cualquier mujer y el cual versionarán casi la totalidad de los diseñadores (Charles-Roux, 2007, p. 227).

Figura 13. Dibujo del icónico diseño de Coco Chanel: el Little Black Dress. Recuperado de: https://lovesmyshowcase.wordpress.com/2013/10/16/el-vestido-negro-petite-robe-noire-o-little-black-dress/

1926-1931à Periodo inglés
Tras su ruptura con Dimitri, Coco Chanel conoció en Montecarlo al que sería su compañero durante media década: el Duque de Westminster (Vaughan, 2013, p. 54). Según cuenta Charles-Roux (2007, p. 243), con él paso largas temporadas en Eaton Hall, un gran castillo propiedad del duque. Fue en este escenario de la bucólica campiña inglesa donde conocería el tejido que se convertiría en el hilo conductor de muchas de sus colecciones futuras y una de sus señas de identidad dentro del mundo de la moda: el tweed (Charles-Roux, 2007, p. 245).
Coco Chanel junto a Vera Bates, principal artífice de la unión entre Coco y el duque, invaden el ropero de Bend’Or y toman prestado chaquetas, jerseys y pantalones (Fig.14) (Vaughan, 2013, p. 62). En este juego inocente y divertido, la diseñadora toma inspiración. Pero también de la indumentaria de los lacayos alojados en este castillo y de los marineros que se encargaban de los yates de este acaudalado noble inglés (Charles-Roux, 2007, pp. 245-246).
Figura 14. Coco Chanel y Vera Bates vistiendo prendas del Duque de Westminster, entre las que destacan las chaquetas de tweed. Recuperado de: Charles-Roux, E. (2007). El siglo de Chanel. Madrid: Herce Editores

Todo vale como inspiración, no discrimina, pues su moda tomaba de la clase alta y la clase obrera, pues su pasado humilde no le permitía obviar estas fuentes que tan bien sabría reformular en sus creaciones.
Así, a finales de las década de 1920 nacería su primer traje de chaqueta de tweed que reformularía magistralmente en su vuelta en 1954 tras la Segunda Guerra Mundial con bolsillos y ribetes (Vaughan, 2013, p. 68).
Este traje sastre estaba formado por un falda de corte recto que terminaba justo por debajo de la rodilla (el largo Chanel) y por una chaqueta de inspiración masculina con un corte fluido y recto, sin cuello y con bolsillos cerrados con botones dorados. A menudo, esta chaqueta mostraba ribetes en todos los bordes de la tela, incluyendo los bolsillos, además la línea inferior de la chaqueta estaba rematada en la parte interna por una cadena que permitía que cayera de forma perfecta (Seeling, 2000, p. 110). Esta prenda se convirtió en uno de sus iconos y fue lucida por muchas celebridades.



[1] El canotier es una suerte de sombrero utilización generalmente en la navegación, hecho de paja y con  la parte superior plana. Se convirtió en un complemento popular a finales del siglo XIX y principios del XX (Newman & Shariff, 2009).

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